
Porque me desarmas y vuelves a armar tan sólo con mirarme,
me subes hasta el cielo y me vuelves a dejar en la tierra,
me das vida y muerte, alegrías y las más inmensas ganas de llorar.
Porque me haces querer gritar a los cuatro vientos sin importar qué digan los demás,
rompes mis esquemas, me das tranquilidad, me devuelves el aliento cuándo te veo llegar,
haces de mis días más llevaderos, sobre todo cuándo a mi lado vas.
Porque me destruyes cuándo no me miras e ignoras mi presencia, pero luego me hablas
y haces que se valla el color gris de las cosas, porque a veces te sorprendo mirándome, mas no es más que un reflejo de lo que yo suelo proyectar.
Porque eres mi todo y mi alma, el dueño de mis más profundos y desconocidos sueños, quien maneja la totalidad de mis pensamientos, quien tiene el poder (pero se lo quiero quitar) para hacerme sentir bien, quien haría de mi mundo un mejor mundo si te molestaras en corresponder y así crear un mañana, cómo esos que tantas veces he solido soñar.
Sin embargo... tú ni siquiera te lo has de imaginar...

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