lunes 7 de septiembre de 2009

Confesión nº4...

3 meses y 8 días, pero hoy pareciera que nunca existieron.
Apareciste de la nada, después de tantas cosas que se dijeron, bastó sólo eso para desestructurarme, fue suficiente para hacerme olvidar que quería a otro, que lloraba por otro, que anhelaba a otro.
Y derepente comencé a cuestionarme todas las cosas, derepente se hizo claro que yo no era la misma de antes, había cambiado y sentía temor. Ya no era la persona que diría o haría lo que fuera para llamar tu atención, ahora me quería, sin embargo había un vacío en mí, había algo que me hacía sentir extraña. Era cierto me sentía diferente, pero ahora no me estaba gustando esa diferencia, de pronto descubrí que había perdido esa picardía de vivir, estaba casi absolutamente postergada al beneficio de otros, me estaba apagando y me pregunté por qué... descubrí lo diferente que era a lo que tú conociste y sentí temor de tener que decirte algún día que ya no era la misma y sentirme nuevamente rechazada. Y ahí estaba lo malo, ahí estaba el vacío, descubrir que después de todo me seguía importando lo que pensaras de mí...
Me cuestioné tanto y no entendía cómo, al ser tan diferente, podía ser tan feliz cómo lo soy ahora, y de nuevo temí, temí que esta felicidad sea algo superficial, sea algo que inventé para hacerle frente a los demás y por dentro me estuviera quemando y muriendo poco a poco... sin embargo confío, y sé, sé que no es así, sé que esta felicidad me extraña porque no se compara con nada de lo que he tenido o vivido, porque hay paz en mi vida, la mejor de las tranquilidades, y eso... eso es lo que me hace saber que no es así.
3 meses y 8 días y nunca he sabido de ti, y me di cuenta de que no quiero saberlo, no quiero saber qué pasó contigo, si sigues siendo feliz y dichoso cómo ese día, si lograste tus absurdos y frívolos objetivos, etc., porque en el fondo, tampoco quiero decirte qué pasó conmigo, no quiero confesarte el par de malos días que viví, y por sobre todo no quiero que sepas lo débil que fui, sintiendo miedo, el más grande de los miedos, de verte o que me vieras a mí. Oh! sí, lo recuerdo, recuerdo el día en tomé esa micro y derepente recordé que podría ser la que habitualmente usarías y me paralicé, quería llorar, tan anulada me tenías, tan poca cosa...
Sin embargo hoy, hoy ya no temo, simplemente ya no pienso en ello, hoy vivo mi vida, muy lejos de las superficialidades que recorría antes, muy lejos, al punto de ya no congeniar con mis propias amigas por lo mismo, hoy soy distinta, pero no por eso soy peor...
Sólo soy diferente a lo que tú habías creído conocer.